ANÁLISIS

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Ciudades que cuidan el ambiente y la salud de las infancias

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Autor:

Arq. Estefanía Rodríguez Schott - 05/10/2026
Estudios Sectoriales del IMPLAN
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Planear las condiciones ambientales de las ciudades en las que crecen las infancias es fundamental, porque nuestras primeras experiencias dan forma a la arquitectura de nuestro cerebro y de nuestros sistemas biológico, inmunológico y metabólico. Las condiciones ambientales de una ciudad forman parte de las experiencias cotidianas de las infancias: la calidad del aire, la temperatura, el acceso al agua, la presencia de áreas verdes y las condiciones de calles, parques y viviendas pueden influir en su salud, bienestar y desarrollo. Estas condiciones pueden favorecer su desarrollo integral, contribuir a su salud física y estabilidad emocional, estimular sus funciones cognitivas y bienestar mental, así como facilitar la adquisición de hábitos y una mayor conciencia ecológica. Esto nos lleva a pensar que una ciudad que busca cuidar de sus infancias también debe prestar atención a los espacios físicos, sociales y naturales que forman parte de su vida cotidiana.

Esta perspectiva parte también del reconocimiento de las infancias como sujetos de derechos. La Convención sobre los Derechos del Niño establece que niñas y niños tienen derecho a desarrollarse en condiciones que favorezcan su bienestar, y actualmente UNICEF reconoce el derecho de la niñez a crecer en un medio ambiente saludable y resiliente. Desde esta visión, proporcionar entornos saludables no es únicamente una cuestión de diseño urbano, sino también una forma de contribuir al ejercicio de sus derechos.

En Torreón, de acuerdo con la Encuesta Intercensal presentada por el INEGI, el 21.81 % de la población tenía entre 0 y 14 años en 2025. Esto significa que una parte importante de la población se encuentra en una etapa fundamental para su desarrollo, por lo que es necesario preguntarnos: ¿qué condiciones ambientales les estamos construyendo a las infancias?

Uno de los factores ambientales que requiere atención es la calidad del aire. Los niños son vulnerables a la contaminación atmosférica, ya que sus pulmones y sistemas respiratorios aún se encuentran en desarrollo. La exposición a contaminantes puede contribuir a desarrollar asma, aumentar el riesgo de problemas respiratorios o incluso provocar daño pulmonar. En Torreón, de acuerdo con datos del INEGI, durante 2025 se registraron 287,272 vehículos de motor para una población de 808,132 habitantes, lo que representa una tasa de 355 vehículos por cada 1,000 habitantes. Este contexto hace relevante considerar la movilidad y las fuentes de emisión al abordar la calidad del aire de la ciudad. Por ello, una ciudad que busca proteger a sus infancias debe conocer la calidad del aire que respiran, fortalecer su monitoreo y desarrollar estrategias para reducir las fuentes de contaminación.

En una ciudad como Torreón, donde las altas temperaturas forman parte de las condiciones ambientales cotidianas, el confort térmico adquiere una importancia particular. Las infancias tardan más en regular su temperatura corporal que los adultos, pueden deshidratarse con mayor rapidez, presentar agotamiento por calor o sufrir un golpe de calor. Esto llega a limitar el uso de los espacios exteriores. Incorporar sombra, vegetación y un diseño adecuado en calles, parques y espacios públicos puede ayudar a generar entornos más seguros y habitables, reduciendo la exposición al calor. En este sentido, los espacios verdes permiten correr, explorar y jugar, favoreciendo el desarrollo de habilidades motoras y el contacto con la naturaleza.

El acceso al agua también forma parte de una ciudad saludable. No se trata únicamente de garantizar el suministro en las viviendas, sino de que niñas y niños encuentren agua potable en escuelas, parques y otros espacios donde desarrollan sus actividades. La disponibilidad y calidad del agua son fundamentales para prevenir la deshidratación, enfermedades gastrointestinales e infecciones que pueden afectar su bienestar y desarrollo. Por ello, una ciudad que busca cuidar de sus infancias debe procurar que el agua que consumen sea segura y esté disponible en los espacios donde transcurre su vida cotidiana.

La manera en que manejamos nuestros residuos también forma parte de las condiciones ambientales en las que crecen las infancias. La acumulación de basura en calles, parques y zonas habitacionales puede favorecer la presencia de plagas, malos olores y contaminación del suelo y del agua, además de deteriorar los espacios donde niñas y niños juegan, caminan y conviven. Una ciudad saludable requiere mantener limpios estos espacios y contar con una gestión adecuada de los residuos, promoviendo su reducción, separación, recolección y aprovechamiento. De esta manera, cuidar cómo manejamos nuestros residuos también significa cuidar los lugares donde ocurre la vida cotidiana de las infancias.

Entonces, ¿Qué ciudad estamos construyendo para quienes hoy están creciendo en ella? Una ciudad amigable con las infancias requiere observar la ciudad existente y preguntarnos qué condiciones tienen actualmente los barrios, las calles, las viviendas, las escuelas, los espacios públicos y los equipamientos donde transcurre su vida cotidiana. Torreón ha experimentado un importante crecimiento de su superficie urbana, que pasó de 5,312 hectáreas en 1990 a 15,288 hectáreas en 2020, de acuerdo con el IMPLAN Torreón. Este crecimiento nos lleva a preguntarnos no sólo cómo seguimos construyendo la ciudad, sino cómo podemos generar una ciudad más conectada donde las infancias puedan ser autónomas, donde vivan cerca de un parque, de su escuela. Esto implica pasar de la planeación a la acción mediante la regeneración de barrios y diferentes tipos de intervenciones desde el urbanismo social, tanto a macroescala como a microescala, desde la distribución de áreas verdes y equipamientos hasta intervenciones específicas en calles, parques, viviendas y espacios comunitarios.

Planear para las infancias significa reconocer que su bienestar depende también de las condiciones ambientales de toda la ciudad. No se trata únicamente de crear espacios destinados a los niños, sino de procurar que el aire que respiran sea saludable, que tengan acceso y disponibilidad de agua, que puedan encontrar sombra y vegetación frente a las altas temperaturas, que sus espacios cotidianos sean limpios y seguros y que puedan desarrollarse en entornos saludables e inclusivos. Porque cuando hablamos de las condiciones ambientales de una ciudad, no hablamos solamente de infraestructura o espacio urbano, hablamos también de los lugares donde ocurre la vida y de las condiciones que acompañan el desarrollo de quienes crecerán en ella.

FUENTES:



• Consejo Científico Nacional del Desarrollo Infantil. (2023). El lugar es importante: El entorno que creamos define los pilares del desarrollo saludable. Center on the Developing Child at Harvard University.

• Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). (2026). Encuesta Intercensal (EIC) 2025.

• UNICEF. (2019). Identificar las desigualdades para actuar: Resultados y determinantes del desarrollo de la primera infancia en América Latina y el Caribe. Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia.

• UNICEF. (2021). La crisis climática es una crisis de los derechos de la infancia: Presentación del Índice de Riesgo Climático de la Infancia. Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia.




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