La brecha salarial de género se refiere a la diferencia promedio de ingresos entre hombres y mujeres, y constituye un fenómeno ampliamente documentado en la literatura económica. Diversos estudios señalan que esta brecha no solo refleja desigualdades salariales directas, sino también diferencias estructurales en el acceso al empleo, la permanencia en el mercado laboral y las oportunidades de ascenso. (Rivero Evia, 2023) Actualmente, en la Zona Metropolitana de La Laguna, las mujeres representan el 53.96% de las personas egresadas de educación superior, mientras que los hombres constituyen el 46.04%. No obstante, esta mayor participación femenina en el nivel educativo no se traduce en mejores condiciones salariales. Por el contrario, se observa una marcada concentración de mujeres en los estratos de menores ingresos. Pese a la ventaja educativa, el 35.4% de las mujeres percibe hasta un salario mínimo, frente al 21.6% de los hombres que se ubican en este mismo rango. Esta sobrerrepresentación femenina en el estrato salarial más bajo constituye un indicador muy claro de la brecha salarial de género. Al sumar al 45.1% de mujeres que reciben entre uno y dos salarios mínimos, se obtiene que el 80.5% de las mujeres se concentra en los niveles salariales más bajos, en contraste con el 72.6% de los hombres en dichos estratos. A partir del umbral de dos salarios mínimos, la brecha se amplía aún más. Mientras que el 17.33% de los hombres percibe entre dos y tres salarios mínimos, solo el 10.1% de las mujeres logra ubicarse en ese rango de ingresos. (IMPLAN, 2024) Una de las causas estructurales de la brecha salarial es la segregación ocupacional por género. La evidencia académica indica que las mujeres tienden a concentrarse en sectores de menor remuneración, mientras que los hombres predominan en sectores industriales y técnicos con mejores salarios. En la Zona Metropolitana de La Laguna, el sector secundario, asociado a actividades industriales, está compuesto en un 69% por hombres y únicamente en un 31% por mujeres. (IMPLAN, 2024) Tanto la disparidad salarial como la segregación ocupacional pueden atribuirse, en parte, a la distribución desigual del trabajo de cuidados no remunerado. Las mujeres dedican significativamente más tiempo que los hombres al cuidado de niñas, niños, personas mayores y a las labores domésticas, lo que limita su participación en empleos de tiempo completo, reduce su disponibilidad laboral y afecta negativamente su trayectoria salarial. (Rivero Evia, 2023) Estas desigualdades salariales tienen efectos directos sobre la autonomía económica de las mujeres, incrementando su vulnerabilidad financiera y restringiendo su capacidad de ahorro y su acceso a sistemas de pensiones. La brecha salarial no solo opera de manera inmediata, sino que se acumula a lo largo del ciclo de vida laboral, profundizando las desigualdades económicas en el largo plazo. (Rodríguez y Reyna, 2018) En este contexto, reducir la brecha salarial en la Zona Metropolitana de La Laguna requiere atender las causas estructurales que la originan, pero también reconocer las oportunidades existentes para avanzar hacia una mayor equidad. Un primer paso consiste en fortalecer la participación de las mujeres en la vida económica, particularmente en sectores estratégicos para la región. En conclusión, la creciente incorporación de mujeres en carreras de ingeniería y disciplinas técnicas resulta especialmente relevante en un entorno con alta concentración de actividades del sector secundario, ya que amplía sus posibilidades de inserción en empleos mejor remunerados y con mejor proyección de desarrollo profesional. Si bien estos avances no eliminan por sí mismos las desigualdades salariales, sí representan una base importante para transformar gradualmente las estructuras que perpetúan la brecha salarial, y de esta manera generar condiciones laborales más equitativas a mediano y largo plazo.
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