Hablar de salud mental entre las nuevas generaciones implica mirar más allá de los diagnósticos. Significa preguntarnos cómo están viviendo las y los jóvenes su ciudad, sus relaciones, sus estudios, sus primeros empleos y las expectativas que tienen sobre su futuro. En Torreón, los datos disponibles muestran que la salud mental representa un reto que requiere atención, prevención y, sobre todo, una visión que considere las distintas condiciones sociales que pueden influir en el bienestar de las personas. En el marco del Día Internacional de la Juventud que se celebra cada 12 de agosto, el Monitor de Salud Mental 2025 del Instituto Municipal de Planeación y Competitividad de Torreón (IMPLAN), la salud mental está relacionada con factores individuales, familiares, ambientales y estructurales. El documento muestra que las personas expuestas a circunstancias adversas como la pobreza, la violencia, las desigualdades y otras condiciones de vulnerabilidad tienen mayor riesgo de enfrentar problemas de salud mental. Esta perspectiva resulta particularmente importante cuando hablamos de adolescentes y jóvenes. En el caso de Torreón, uno de los datos que llaman la atención es el comportamiento de las consultas relacionadas con ansiedad. El Monitor señala que el grupo predominante de pacientes atendidos por ansiedad se encuentra entre los 15 y 19 años, con una mayor presencia de mujeres. Esto coloca a la adolescencia tardía y al inicio de la juventud como una etapa que merece especial atención dentro de las estrategias de prevención y atención. La situación también se relaciona con el consumo de sustancias. De acuerdo con información de los Centros de Integración Juvenil (CIJ) incluida en el Monitor, la mayoría de los pacientes atendidos en Torreón por problemáticas relacionadas con el consumo de sustancias son hombres y la mayor parte se encuentra en el rango de 15 a 19 años. El dato permite observar que, para ciertos jóvenes, los problemas de salud mental y las conductas relacionadas con el consumo de sustancias pueden presentarse dentro de una misma realidad de vulnerabilidad. Sin embargo, sería un error pensar que la salud mental de los jóvenes puede explicarse por una sola causa. La adolescencia y la juventud representan etapas de importantes cambios personales y sociales. A las exigencias académicas pueden sumarse la presión por incorporarse al mercado laboral, las dificultades económicas, las relaciones familiares, la necesidad de pertenencia, la violencia y las expectativas sobre el futuro. A ello se agregan los cambios en las formas de convivencia y comunicación, donde las redes sociales tienen un papel cada vez más importante. Los propios datos del IMPLAN permiten entender que el bienestar no depende únicamente de la ausencia de una enfermedad. El Monitor incorpora indicadores relacionados con ingresos, vivienda, trabajo, comunidad, salud, seguridad, participación ciudadana y balance entre vida y trabajo. Es decir, hablar de salud mental también implica hablar de las condiciones en las que las personas estudian, trabajan, se relacionan y construyen su proyecto de vida. El reto, entonces, no consiste solamente en incrementar la atención cuando aparece un problema, sino en prevenirlo. Para ello resulta indispensable que las escuelas, las familias, las instituciones de salud, las organizaciones sociales y las autoridades trabajen de manera coordinada. Para una ciudad que busca planear su futuro, estos indicadores representan una oportunidad para incorporar la salud mental dentro de una visión más amplia de bienestar urbano. La prevención puede fortalecerse mediante espacios comunitarios seguros, actividades deportivas y culturales, redes de apoyo, programas escolares, orientación psicológica accesible y mecanismos que permitan identificar oportunamente señales de ansiedad, depresión, consumo problemático de sustancias o conductas de riesgo. La pregunta ya no debería ser únicamente cuántos jóvenes requieren atención psicológica, sino qué condiciones necesita una ciudad para que sus jóvenes puedan desarrollarse con bienestar. Torreón tiene frente a sí una generación que está construyendo su futuro y que, al mismo tiempo, enfrenta desafíos complejos. Escucharla, generar información y facilitar el acceso a servicios de atención son pasos indispensables. La salud mental de los jóvenes no es solamente un asunto individual: también es un indicador del bienestar de la ciudad y un componente que debe considerarse dentro de la planeación de su futuro.
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