El análisis de las condiciones macroeconómicas futuras constituye un ejercicio central para la planificación económica, el diseño de política pública y la evaluación de riesgos en economías emergentes. En el caso de México, la necesidad de evaluación prospectiva se acentúa tras el período de alta inflación global experimentado entre 2021 y 2024, las presiones geopolíticas sobre los mercados energéticos y la política monetaria contractiva implementada por bancos centrales en todo el mundo. Esta combinación de factores configuró uno de los entornos más desafiantes para la estabilidad macroeconómica reciente, por lo que resulta pertinente examinar cómo se proyectan las principales variables para 2026 a la luz de estas condiciones. La economía mexicana enfrentará el 2026 con un proceso consolidado de estabilización posterior a los choques inflacionarios globales. Se anticipa una tendencia de la inflación general hacia valores cercanos a 4% anual, mientras que la inflación subyacente, aunque ligeramente superior, se situará dentro de un rango razonable del 4.2%, compatible con el objetivo del Banco de México. Esta moderación reflejará tanto la disipación de presiones externas como el efecto acumulado de una política monetaria restrictiva implementada durante los años previos. Las tasas de interés, aunque todavía elevadas en términos históricos, iniciarían un proceso de ajuste progresivo hacia niveles entre 6% y 7%. Esta transición será prudente para evitar un relajamiento prematuro que pudiera reactivar presiones inflacionarias, pero permitirá mejorar gradualmente las condiciones de financiamiento para empresas y hogares. El crecimiento económico se ubicará en un rango moderado cercano a 1.5%, sustentado principalmente en la recuperación del consumo privado derivada del aumento del poder adquisitivo, un desempeño exportador estable vinculado al ciclo estadounidense y un avance lento pero constante en proyectos de inversión relacionados con la relocalización productiva. Sin embargo, el crecimiento seguirá limitado por la baja inversión privada, los niveles insuficientes de productividad y la persistencia de cuellos de botella en infraestructura logística. En cuanto al empleo, se registrarán mejores condiciones respecto a trimestres previos, con una tasa de desempleo ligeramente inferior a 4.5%, aunque con una persistencia de la informalidad nacional por encima de 50%, lo que continuará limitando la productividad laboral. Este fenómeno coincide con los argumentos de La Porta y Shleifer (2014), quienes sostienen que altos niveles de informalidad impiden el crecimiento sostenido en economías emergentes. Asimismo, la relación comercial con Estados Unidos continuará siendo determinante para la economía mexicana. Si bien el fenómeno del nearshoring ofrece oportunidades, la capacidad real del país para absorber nuevas inversiones dependerá de factores institucionales, regulatorios y energéticos que actualmente presentan incertidumbre. A pesar de ello, el contexto de estabilización abre oportunidades para implementar políticas de largo plazo orientadas a fortalecer la competitividad, mejorar infraestructura logística, promover innovación tecnológica y consolidar una agenda de productividad laboral que permita elevar el nivel de vida de la población. El pronóstico para 2026 señala un entorno económico caracterizado por estabilidad, pero también por la continuidad de desafíos estructurales que han impedido un crecimiento sostenido en México durante décadas. Para transformar el crecimiento moderado en expansión sostenida será necesario fortalecer la inversión productiva, promover innovación, modernizar la infraestructura estratégica y mejorar la calidad del capital humano. La estabilidad esperada para 2026 debe ser vista como un punto de partida, no como un destino final. Si el país logra aprovechar esta ventana para implementar reformas estructurales, fortalecer la competitividad y promover inversión productiva, podría transitar hacia una trayectoria de crecimiento sostenido que permita elevar el nivel de vida de la población y reducir vulnerabilidades macroeconómicas.
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